
Cuando se trata de algo personal, el deporte es portada. Ayer, como siempre, el Barça jugó mejor, hizo uno de los mejores partidos de la temporada, pero un fortuito cañonazo de Paul Scholes a la telaraña de Valdés sentenció el batacazo del club azulgrana esta temporada.
El Manchester salió fuerte pero pronto el Barça sentó el partido como le gusta, como nos gusta a los amantes el fútbol. Tiki-taka diría Montes, que por suerte no retransmitió. Matías animaba desde su trono, pero tampoco sirvió para que los mil y un inventos de los prodigiosos pies de Leo Messi se materializaran en gol, especialmente el divino regate en el córner. Se iba de quien quería. Con clase, demostró ser el mejor del mundo ante un Cristiano Ronaldo rápido, fuerte, pero nada más, y Zambrotta tuvo la culpa de ello, aunque también del mal despeje en forma de asistencia que en botas de Scholes significa gol, y antes de que tirara se vio: efectivamente rompió la escuadra y a los azulgrana.
De nuevo el Barça dio un baño de buen fútbol, de aquí para allá, todos un 10, excepto un Abidal que, de haber querido, habría dado más que un susto por la banda izquierda. Pero no quiso y especialmente después de que se fuera Iniesta para dar paso a Thierry Henry, que en los pocos minutos que jugó hizo alguna de sus virguerías, aunque Van der Sar, todo un pilar de la experiencia ya se las sabía y se encontró con el balón en las manos en las dos que tuvo el astro francés.

Eto'o apagado, aprisionado en una zaga defensiva equivalente a un muro de hormigón. De nada sirvió el despliegue de toda la artillería al final del partido: ni Bojan, ni Gudjohnsen hicieron realidad el sueño. No faltaron las ilusiones: pases chapeau de Messi cuando ocupó el lugar de media punta, Xavi y Deco, luchadores y repartiendo lecciones, y apuntar a un Touré Yayá poderoso, un tanque de acero con pase, de los que cruzan todo el campo.
Pero tampoco faltaron los sustos: el partidazo lo fue, en parte, por las máquinas de los diablos rojos en forma de "apache" Tévez y Lee Sung Park. Dopados o no, molestaron lo suficiente a la media azulgrana y dejaban construir poco, con una velocidad explosiva hasta el final. Y poco se puede construir ya. Este Barça cierra ciclo, con lágrimas, desde aquel gol de Belletti que nos dio la Champions hace dos años, al pase de Zambrotta que nos ha hundido y obliga al Barça a reinventarse. Apostamos el todo por el todo y la injusticia cayó sobre el buen fútbol y la calidad. Al menos que quede eso.
Fotos: Reuters por elpais.com
El Manchester salió fuerte pero pronto el Barça sentó el partido como le gusta, como nos gusta a los amantes el fútbol. Tiki-taka diría Montes, que por suerte no retransmitió. Matías animaba desde su trono, pero tampoco sirvió para que los mil y un inventos de los prodigiosos pies de Leo Messi se materializaran en gol, especialmente el divino regate en el córner. Se iba de quien quería. Con clase, demostró ser el mejor del mundo ante un Cristiano Ronaldo rápido, fuerte, pero nada más, y Zambrotta tuvo la culpa de ello, aunque también del mal despeje en forma de asistencia que en botas de Scholes significa gol, y antes de que tirara se vio: efectivamente rompió la escuadra y a los azulgrana.
De nuevo el Barça dio un baño de buen fútbol, de aquí para allá, todos un 10, excepto un Abidal que, de haber querido, habría dado más que un susto por la banda izquierda. Pero no quiso y especialmente después de que se fuera Iniesta para dar paso a Thierry Henry, que en los pocos minutos que jugó hizo alguna de sus virguerías, aunque Van der Sar, todo un pilar de la experiencia ya se las sabía y se encontró con el balón en las manos en las dos que tuvo el astro francés.

Eto'o apagado, aprisionado en una zaga defensiva equivalente a un muro de hormigón. De nada sirvió el despliegue de toda la artillería al final del partido: ni Bojan, ni Gudjohnsen hicieron realidad el sueño. No faltaron las ilusiones: pases chapeau de Messi cuando ocupó el lugar de media punta, Xavi y Deco, luchadores y repartiendo lecciones, y apuntar a un Touré Yayá poderoso, un tanque de acero con pase, de los que cruzan todo el campo.
Pero tampoco faltaron los sustos: el partidazo lo fue, en parte, por las máquinas de los diablos rojos en forma de "apache" Tévez y Lee Sung Park. Dopados o no, molestaron lo suficiente a la media azulgrana y dejaban construir poco, con una velocidad explosiva hasta el final. Y poco se puede construir ya. Este Barça cierra ciclo, con lágrimas, desde aquel gol de Belletti que nos dio la Champions hace dos años, al pase de Zambrotta que nos ha hundido y obliga al Barça a reinventarse. Apostamos el todo por el todo y la injusticia cayó sobre el buen fútbol y la calidad. Al menos que quede eso.
Fotos: Reuters por elpais.com


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